The Conversation – Biblioteca Virtual de Salud España https://bvsalud.isciii.es Portal que permite el acceso libre y gratuito a distintas fuentes de información científica de Ciencias de la Salud incluyendo bases de datos, catálogos colectivos, publicaciones electrónicas, noticias y herramientas de búsqueda, entre otros recursos. Mon, 24 Oct 2022 09:39:46 +0000 es hourly 1 https://bvsalud.isciii.es/wp-content/uploads/2021/10/cropped-isciii_favicon-32x32.jpg The Conversation – Biblioteca Virtual de Salud España https://bvsalud.isciii.es 32 32 Revistas depredadoras: el negocio fraudulento del siglo https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/09/09/revistas-depredadoras-el-negocio-fraudulento-del-siglo/ Thu, 09 Sep 2021 09:50:31 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=1961 Seguir leyendo]]>

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Cinta Gallent Torres, Universitat de les Illes Balears

El exigente proceso de promoción al que se someten los docentes universitarios españoles que desean acreditarse ante la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) ha sido aprovechado por algunas editoriales internacionales como una oportunidad de negocio para ganar dinero. Su modus operandi es cuestionable, ya que las prácticas empleadas para captar clientes atentan contra los valores de la responsabilidad académica y la integridad científica.

Estas editoriales se sirven de su cebo estrella: las llamadas “revistas depredadoras” (del inglés, predatory journals). Se trata de publicaciones de acceso abierto que, bajo un simulado prestigio internacional, adulan a sus presas invitándolas a publicar a cambio de repercutirles los costes de edición y maquetación de sus manuscritos.

Estas empresas utilizan unas estrategias de marketing cada vez más sofisticadas, lo que dificulta su identificación. Entre ellas destacan los reclamos basados en los altos índices de indexación, los rigurosos procesos de publicación a los que someten sus artículos (revisiones de pares o pares ciegos poco transparentes) o las estrictas normas de conducta ética de las que alardean si identifican intenciones reprobables en el envío de los escritos. Asimismo, prometen plazos de publicación muy cortos (días o pocas semanas), lo cual es un aliciente añadido para algunos investigadores noveles.

La cara oculta de estas revistas es que no existe tal índice de impacto porque no se encuentran registradas en bases de datos reconocidas (algunas carecen incluso de ISSN). Tampoco cuentan con consejos editoriales legítimos, o estos los conforman falsos académicos sin afiliación institucional. No solo cobran por la publicación de los manuscritos sino que, además, exigen la cesión de los derechos de autor sobre estos y, finalmente, dejan a los investigadores sin la posibilidad de publicar sus hallazgos en revistas serias con un impacto real.

¿Cómo identificar estas revistas?

Aunque a priori pueda resultar sencillo identificar una revista depredadora, no siempre lo es. Su modelo de negocio, totalmente fraudulento, se ha profesionalizado en los últimos años. De hecho, desde que Jeffrey Beall, bibliotecario y académico de la Universidad de Colorado Denver, identificó 20 potenciales revistas depredadoras en el año 2010, estas no han cesado de aumentar.

Actualmente se estima que existen más de 10 000 revistas activas de esta tipología, algunas de las cuales se encuentran recopiladas en listados como el de Beall’s List of Predatory Journals and Publishers (lista cerrada en 2016 por el propio Beall y reabierta de forma anónima en 2017) o la de Cabell’s International.

Algunas claves para desenmascarlas son:

  • Analizar la invitación de publicación recibida, ya que suele llegar a modo de spam y con un dominio de correo electrónico de Gmail, Hotmail, Yahoo, etc. No obstante, las editoriales empiezan a contactar a sus potenciales clientes a través de LinkedIn a fin de que su propuesta parezca más seria y profesional.
  • Leer entre líneas: a menudo los correos recibidos inician con una felicitación por publicaciones anteriores e insisten en que sería interesante publicar la traducción del mismo artículo o una versión ligeramente modificada.
  • Prestar atención a los datos básicos que figuran en cualquier publicación y que las revistas depredadoras suelen camuflar o falsificar: ubicación de su sede, institución asociada, miembros del comité editorial, proceso y plazo de publicación, ISSN, factores de impacto, métricas, ratios de rechazo, sistemas de control de plagio, etc.
  • Conocer si el autor debe asumir algún coste de publicación y cuál es la política de cesión de derechos que manejan.
  • Contrastar la información que ofrecen en sus páginas web: desde el propio nombre de la revista (el cual suele ser sospechosamente similar al de otras revistas conocidas), los datos de contacto, la antigüedad (la mayoría son de reciente creación), las políticas o normas por las que se rigen, etc.
  • Analizar el aspecto formal de la revista: en su mayoría, el redactado de la información que aparece en internet (o en el propio correo recibido) contiene errores gramaticales y ortográficos, incoherencias o falsos sentidos. La disposición de las secciones es incómoda en su navegación, los colores que utilizan resultan un tanto chillones y las imágenes o logotipos de instituciones de prestigio aparecen borrosas o distorsionadas, lo que delata la apariencia poco profesional de estas revistas. Estos aspectos deberían hacernos desconfiar de ellas.

Estas son solo algunas recomendaciones básicas que deberíamos tener en consideración cuando recibamos correos capciosos invitándonos a publicar de manera fácil y rápida.

Afortunadamente, existen algunos recursos y herramientas que pueden ayudarnos a identificar si estamos ante una de estas revistas. Por ejemplo, el sitio web Think, Check, Submit. También algunas listas de verificación como la propuesta por Blobaum (Blobaum’s Checklist for Review of Journal Quality for Submission of Scholarly Manuscript) o numerosos documentos elaborados por organismos que fomentan la integridad en la investigación como la World Association of Medical Editors (WAME), el Committee on Publication Ethics (COPE) o el Council of Science Editors (CSE).

Consecuencias para el investigador

Sin duda, el interés (o desesperación) de algunos investigadores por ver sus trabajos publicados con cierta inmediatez y en cualquier medio acarrea consecuencias negativas para su futura carrera profesional.

Entre las más relevantes destacan el descrédito de su imagen y el daño que puede causarle en futuras convocatorias de promoción interna o procesos de acreditación. Sin mencionar, por supuesto, el desperdicio en tiempo, dinero y esfuerzo invertido en la redacción del manuscrito enviado.

Asimismo, a la obra publicada le acechan otros peligros ya que, al no estar protegida, el acceso de consulta podría perderse si la revista deja de existir, lo que sucede con frecuencia cuando la falsa editorial recauda suculentos beneficios en un corto periodo de tiempo. Por lo tanto, si la obra no está accesible, no existe y no puede citarse ni referenciarse, lo que ineludiblemente provoca un perjuicio profesional al autor que suele traducirse en un sentimiento de impotencia ante el engaño, así como una gran desmotivación por seguir publicando.

De ahí la importancia de evaluar eficazmente dónde elegimos publicar los resultados de nuestras investigaciones con el fin de no perder el control sobre nuestra propia producción.

Paralelamente, las instituciones académicas deberían poner en marcha iniciativas de formación, sensibilización y concienciación sobre un fenómeno que afecta a la comunidad académica en su globalidad (docentes, doctorandos, investigadores, etc.) dado que, si se prolongase en el tiempo, acabará minando la credibilidad de la información publicada en abierto.

Urge, pues, reclamar medidas contundentes para frenar la proliferación de estos negocios ilícitos que atentan contra la propiedad intelectual de terceros y traspasan los límites de la ética y la moralidad.The Conversation


Cinta Gallent Torres, Profesora asociada en el Departamento de Filología Francesa e Italiana de la Universidad de Valencia (UV) y estudiante de doctorado en Educación, Universitat de les Illes Balears

 

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Compartir datos de investigación en un mundo poscoronavirus requiere respetar la propiedad intelectual https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/09/08/compartir-datos-de-investigacion-en-un-mundo-poscoronavirus-requiere-respetar-la-propiedad-intelectual/ Wed, 08 Sep 2021 15:49:43 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=1922 Seguir leyendo]]>

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Antonio Vidal Infer, Universitat de València y Rut Lucas Domínguez, Universitat de València

La pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha cambiado el mundo en que vivimos. Hemos tenido que adaptarnos rápidamente a una sociedad parcialmente confinada, donde los tiempos de reacción han adquirido una importancia notable. En el caso de la ciencia, la necesidad de desarrollar vacunas que permitieran una inmunización global e inmediata ha supuesto un hito. Este ha estado marcado, en parte, por la colaboración científica.

Desde hace algunos años se puso de manifiesto la importancia de compartir los datos de investigación. Este esfuerzo, llamémosle filantrópico, permitiría dinamizar la ciencia y, por tanto, obtener resultados más rápidamente y con un menor coste, a la vez que aumentaría la transparencia y la reproducibilidad científica.

En líneas generales, el uso compartido de datos ha tenido defensores y detractores, argumentando estos últimos que compartir sus datos de investigación podría suponer una amenaza para su ventaja competitiva sobre otros grupos. En todo caso, es necesaria una labor pedagógica al respecto, ya que existe un desconocimiento general sobre el tema por parte de los propios grupos de investigación, que unido a la falta de reconocimiento científico desde las agencias evaluadoras dificultan su práctica.

El programa marco de investigación de la Comisión Europea Horizonte 2020 ya especificaba que cualquier acción investigadora financiada por la Unión Europea (UE) está sujeta a poner a disposición del público general todos aquellos datos derivados del estudio. Asimismo, durante la pasada década surgieron iniciativas, tales como OpenAIRE, y repositorios como Zenodo, que trataban de impulsar el intercambio de datos de investigación en la UE. Pese a ello, hay que contar con la voluntad de los equipos investigadores, para asegurarse de que los conjuntos de datos compartidos cumplan los principios FAIR (Findable, Accessible, Interoperable, Reusable).

Y llegó el SARS-CoV-2

Fue el pasado mes de marzo de 2020 cuando el mundo entero comprendió que estábamos ante una amenaza real, la pandemia, un tiempo en el que conservar la ventaja competitiva pasó a un segundo plano y lo único que importaba era una respuesta eficaz en un tiempo récord.

En el caso de las investigaciones sobre SARS-CoV-2, el número de trabajos publicados durante los primeros meses de 2020, tanto epidemiológicos como genéticos o clínicos, aumentó exponencialmente debido a esta emergencia de salud internacional, si bien el intercambio de datos tuvo un ligero incremento, en ningún caso comparable al número de publicaciones.

Tras la vertiginosa carrera por desarrollar vacunas eficaces por parte de laboratorios privados, con importantes aportes económicos provenientes de las esferas pública y privada, comenzó su producción y distribución a finales del año 2020. Al tratarse de una pandemia de alcance global, la exigencia de inmediatez debida a las graves consecuencias que el virus tenía sobre la salud pública generó una serie de problemas logísticos: no había suficientes vacunas para todo el mundo.

Los retrasos, dificultades en las plantas de producción, etc. llevaron a las autoridades públicas a cuestionarse la idoneidad de una suspensión temporal de patentes para que cualquier laboratorio pudiera fabricar nuevas vacunas y poder aumentar de esta manera el alcance de las mismas. Es decir, algo así como compartir datos de investigación pero de manera forzada, con el problema que genera el atentado contra la propiedad intelectual de las fórmulas y las repercusiones económicas que tendría sobre las farmacéuticas.

Se cumplían, por tanto, las profecías que los investigadores vaticinaban con respecto a la amenaza de compartir sus datos, a pesar de que los propios laboratorios también se hubieran beneficiado de esta práctica.

Un sistema eficiente que necesita protocolos

Así pues, entre las lecciones aprendidas en tiempos de pandemia, podemos concluir que el uso compartido de datos de investigación se ha revelado como un mecanismo eficiente, aunque no habitual, para la difusión de la ciencia, permitiendo optimizar recursos y acortar plazos, pero que es necesario implementar mediante la creación de estándares y protocolos de comunicación científica que fomenten la calidad de los datos de investigación.

Actualmente, Horizonte Europa 2021-2027 y España a través del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023 refuerzan este compromiso de Ciencia Abierta, con la necesidad de que los datos de investigación cumplan los principios FAIR y se compartan conforme al protocolo “tan abierto como sea posible y tan cerrado como sea necesario”.

En un mundo poscoronavirus el uso compartido de datos debe ser objeto de debate. Una suspensión de patentes, aun temporal, puede tener consecuencias en una futura implicación de la iniciativa privada en el desarrollo de vacunas, a sabiendas de que los gobiernos pueden apropiarse de los resultados en cualquier momento.

Compartir datos de investigación puede ser un aliado ante los futuros desafíos de la ciencia, pero la colaboración público-privada, tan necesaria, debe pasar por un respeto absoluto a la propiedad intelectual de los resultados de investigación para evitar que futuras situaciones de crisis perjudiquen los cimientos del movimiento de ciencia abierta.The Conversation

Antonio Vidal Infer, Profesor Titular. Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación. Facultad de Medicina y Odontología. Grupo de investigación UISYS. Universitat de València, Universitat de València y Rut Lucas Domínguez, Profesora Titular. Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación. Facultad de Medicina y Odontología. Grupo de Investigación UISYS. Universitat de València. CIBERONC. Valencia. España, Universitat de València

 

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Guía para detectar revistas depredadoras, secuestradoras y megadepredadoras https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/04/27/guia-para-detectar-revistas-depredadoras-secuestradoras-y-megadepredadoras/ Tue, 27 Apr 2021 12:52:46 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=1552 Seguir leyendo]]>

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Rafael Repiso, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja y Julio Montero-Díaz, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

En el año 2008, un bibliotecario de la Universidad de Colorado en Denver (EE. UU.), Jeffrey Beall, bautizaba un fenómeno emergente como “revistas depredadoras”. Estas publicaciones fraudulentas, antítesis de la calidad científica, se han multiplicado en los últimos años como consecuencia negativa de la digitalización y, más específicamente, de los modelos de acceso abierto en los que los autores de los artículos asumen los costes de edición. Este sistema se conoce como “vía dorada”, no solo para las revistas que imponen esta práctica, sino también para algunos de los autores.

El principal defecto de las revistas depredadoras es que apenas realizan procesos de revisión de los manuscritos que reciben, lo que acelera el proceso. De modo eufemístico, ellas mismas presumen de su rapidez en la publicación. Por supuesto, aceptan la mayor parte de los documentos que reciben para alcanzar su principal objetivo: cobrar a los autores.

Los autores han de mostrar satisfacción y, por lo tanto, no sufren rechazos ni modificaciones (en realidad, mejoras) de los originales. Estos deben obtener resultados en un corto plazo para saciar las exigencias de las autoridades académicas. Por ejemplo, para obtener acreditaciones, sexenios o justificar la financiación de proyectos.

El resultado es que los trabajos que publican estas revistas carecen de la validación de la comunidad científica y sus resultados son poco fiables. En áreas como la de biomedicina pueden tener incluso repercusiones fatales.

Estas revistas son difícilmente detectables a simple vista porque utilizan la estrategia del camuflaje. Tienen títulos muy similares a los de las revistas referentes y todas presentan un numeroso equipo de científicos, aunque su contribución sea decorativa o incluso ignoren que forman parte de tales comités.

Igualmente, se anuncian como indexadas en un gran número de bases de datos científicas, aunque en su mayoría sea falso o se trate de bases de datos que no realizan procesos selectivos. Incluso se han creado productos de evaluación para las revistas depredadoras donde, por supuesto, todas obtienen excelentes calificaciones. Sencillamente estamos ante un fraude.

En el año 2013, John Bohannon realizó un experimento significativo: envió un artículo falso (cargado de lugares comunes, con bibliografía falsa y un tema absurdo) a decenas de revistas en acceso abierto en la que los autores deben hacerse cargo de los costes de edición del artículo. El artículo lo aceptó una amplia mayoría de estas revistas sin apenas revisión.

Esto validó las sospechas de quienes pensaban que estas revisas no eran rigurosas con sus procesos de evaluación. Este experimento hizo que el directorio internacional de revistas en acceso abierto (DOAJ), que tenía indexadas a muchas de estas revistas fraudulentas, redefiniera sus políticas de inclusión. Miles de ellas resultaron expulsadas.

¿Cómo detectar revistas fraudulentas?

El problema práctico se presenta a los investigadores que desean publicar los resultados de sus trabajos y envían sus originales a una de estas revistas, que es como tirarlos a un pozo sin fondo. ¿Cómo evitar ser un incauto?

Los datos que hacen sospechar que una revista es fraudulenta son los siguientes:

  1. Su juventud. Han surgido con el abaratamiento de costes que suponen las revistas 100 % digitales, por lo que no tienen las décadas o incluso siglos de historia de otras como The Lancet o Nature.
  2. Sus títulos suelen ser genéricos. Son una imitación de las revistas de mayor prestigio del área.
  3. En muchos casos se editan en países de la periferia científica, como Egipto y Nigeria.
  4. Suplen sus carencias, como la indexación de bases de datos o la falta de indicadores de impacto, mediante el cálculo de indicadores propios.
  5. Tienen una política agresiva para captar al investigador incauto (cliente ideal) mediante el envío personalizado de correos.

El principal aspecto que debe alertar al autor es que la revista contacte con él, asegure unos tiempos de publicación sospechosamente rápidos y cobre a sus autores por publicar: a mayor número de trabajos mayores ingresos.

Esto no significa que todas las revistas que cargan los costes de publicación a los autores sean fraudulentas. Hay algunas, como Plos One, que tienen reconocidos unos procesos de validación muy rigurosos, pero son una muy reducida minoría. Se tiene constancia de la existencia de más de 17 000 revistas depredadoras, que se han convertido en una epidemia.

Una nueva moda: las revistas secuestradoras

Una modalidad muy agresiva de revistas depredadoras son las “revistas secuestradoras”. Estas se hacen pasar por revistas consolidadas, crean sus propias webs y se ponen en contacto con los autores, solicitan manuscritos y dinero. Si el autor despistado se da cuenta a mitad del proceso de que está siendo timado y decide parar el proceso de publicación suele recibir amenazas de denuncia.

Un reciente ejemplo real: la revista secuestradora pedía a un autor casi 8 000 dólares por no publicar su trabajo (cuando el autor se dio cuenta del timo y quiso retirarlo del proceso de evaluación). Amenazaba con demandas internacionales en caso de no pagar.

La realidad es que las revistas depredadoras de primera generación, aquellas que no estaban en productos científicos, apenas tenían y tienen repercusión en el estado de la ciencia. Como mucho hacen pasar vergüenza a los autores y sus instituciones y conllevan una pérdida económica de fondos.

La segunda generación: fraude dentro de la indexación

Trece años después de la aparición del fenómeno, el fraude ha seguido caminos más sofisticados. Existen revistas depredadoras indexadas en bases de datos científicas como Web of Science o Scopus. El peligro es que esto provoca que empiecen a ser utilizadas en muchos países, como España, para valorar las carreras académicas de los investigadores.

Las revistas depredadoras han evolucionado. Se han sofisticado, en parte gracias a los beneficios obtenidos. Han pasado de publicar unos pocos trabajos a miles. Se han convertido en mega-journals, es decir, en “megadepredadoras”.

Otra modalidad sofisticada es que las propias empresas editoras promuevan revistas que ponen en manos de académicos honrados y prestigiosos. Estos logran ponerlas en valor, obtienen su indexación y, entonces, comienza su calvario. Se les comienza a exigir que incrementen números y artículos a tal ritmo que los procesos de selección no pueden llevarse a cabo con rigor. Si hay resistencia se suele acabar en despido o dimisión de los miembros del equipo editorial. Pero, para entonces, el barco ya está botado con todas las normas de calidad vivas.

Normalmente estas megadepredadoras están especializadas en un ámbito concreto, pero también publican sobre cualquier temática y con procesos de revisión rápidos y superficiales. Sus precios se multiplican al entrar en las bases de datos referentes y se elevan conforme mejora la posición de las revistas en los rankings, en una lógica poco científica. Su estrategia de atracción sigue siendo la clásica de las depredadoras de primera generación: invitar a los autores a publicar artículos.

La sofisticación ha incorporado una nueva modalidad: se juega con la vanidad y se ofrece a cualquier autor (con prestigio y sin prestigio) la dirección de números monográficos. Son estos líderes quienes realizan la tarea de marketing más tediosa: la de buscar autores que piquen para pagar por publicar unas aportaciones a las que se ofrece, ya de inicio, bastante seguridad sobre su publicación (antes de escribirlas). Los improvisados editores de monográficos, comerciales voluntarios de la revista reciben como beneficios la publicación gratuita de artículos o, al menos, grandes descuentos. Además estas editoriales también blanquean sus nombres obteniendo convenios con universidades por los que estos centros obtienen descuentos económicos y las editoriales ven respaldado su negocio. El investigador deja de sospechar cuando ve que su propia universidad tiene un convenio con editoriales sospechosas.

Por qué es mala idea publicar en una revista depredadora

El investigador debe obrar muy cautelosamente a la hora de elegir revista, publicar en una revista fraudulenta es un desprestigio que pone de manifiesto que:

  • El investigador desconoce el ámbito donde se mueve.
  • El esfuerzo no va con él, pues opta por una vía rápida para conseguir la publicación.
  • Es un mal gestor de fondos públicos, pues se suele pagar el coste de los artículos con dinero asignado a proyectos. En otras palabras, realiza una malversación que podría ser perseguida.
  • En algunos casos, el investigador que manda sus manuscritos no es propiamente un estafado, sino un cómplice de la estafa. Los estafados son las agencias de evaluación, las instituciones que asumen los costes de publicación y los colegas que, evitando estas prácticas, compiten en procesos selectivos contra estos currículos hinchados de forma artificial y fraudulenta.The Conversation

 


Rafael Repiso, Profesor Titular de Metodologías de la Investigación y Documentación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja y Julio Montero-Díaz, Vicerrector de Investigación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

 

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