revistas depredadoras – Biblioteca Virtual de Salud España https://bvsalud.isciii.es Portal que permite el acceso libre y gratuito a distintas fuentes de información científica de Ciencias de la Salud incluyendo bases de datos, catálogos colectivos, publicaciones electrónicas, noticias y herramientas de búsqueda, entre otros recursos. Tue, 03 Sep 2024 14:01:28 +0000 es hourly 1 https://bvsalud.isciii.es/wp-content/uploads/2021/10/cropped-isciii_favicon-32x32.jpg revistas depredadoras – Biblioteca Virtual de Salud España https://bvsalud.isciii.es 32 32 Intentando mejorar el sistema actual de las publicaciones científicas: habrá que leerse los artículos https://bvsalud.isciii.es/blog/2024/09/03/intentando-mejorar-el-sistema-actual-de-las-publicaciones-cientificas-habra-que-leerse-los-articulos/ Tue, 03 Sep 2024 13:55:42 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=2501 Seguir leyendo]]>

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The Conversation

Golden Dayz/Shuttterstock

Lluís Montoliu, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

La ciencia que no se cuenta, no cuenta. Esta frase recoge uno de los principales objetivos que perseguimos quienes nos dedicamos a la investigación científica: contar lo que descubrimos, explicar lo que entendemos y lo que no, compartir avances y fracasos. Todo ello lo hacemos a través de las publicaciones científicas, es decir, a través de artículos que aparecen publicados en alguna de las muchas revistas especializadas disponibles.

Para que se publiquen deben pasar el filtro de calidad que representa la evaluación entre pares: la revisión altruista, no remunerada, realizada por otros científicos del campo en cuestión, que no está exenta de problemas. De hecho, cualquier investigador que haya intentado explicar cómo funciona nuestro sistema de publicaciones científicas a personas ajenas al mundo de la investigación se habrá encontrado con caras de asombro, sorpresa, incomprensión y hasta de mofa.

La llamada de la ciencia abierta

Hubo un tiempo en el que los investigadores mandábamos los artículos a las revistas para que, en el mejor de los casos, si tenían la calidad suficiente, se publicaran. Las editoriales basaban su modelo de negocio en la venta de suscripciones a bibliotecas institucionales o a investigadores individuales, que pagaban por acceder a la lectura de dichos artículos (incluso los artículos propios, de los cuales eran autores).

El sistema era claramente muy injusto: todas aquellas instituciones que no podían adquirir la subscripción a las revistas, y los investigadores que tampoco podía hacerlo por su cuenta, quedaban desvalidos, sin posibilidad de seguir de cerca los avances científicos.

Las agencias que financian la investigación con dinero público y las fundaciones filantrópicas llegaron a la conclusión de que el acceso por pago a los artículos iba en contra de la difusión de la ciencia que propugnaban y obligaron a los investigadores a publicar sus resultados en abierto, para hacerlos accesibles a todo el mundo.

El atajo de las editoriales

Fue el inicio de la llamada ciencia abierta, una estupenda iniciativa que, sin embargo, se tornó de nuevo en contra de los investigadores cuando, rápidamente, las editoriales acomodaron su modelo de negocio a las nuevas reglas y trasladaron directamente al investigador el pago de la apertura de sus publicaciones. Es decir, el autor paga ahora por publicar sus resultados en abierto, para que puedan ser leídos por todos los demás, tengan o no tengan subscripciones a la revista.

Varios miles de dólares por publicar

Y de nuevo aparece la injusticia: no todos los investigadores tienen la capacidad de poder abonar las cantidades que las editoriales piden para publicar en abierto. El precio puede llegar a ser de varios miles de dólares, en función de la fama o calidad que se le presupone a la revista, a partir de la magnificación de determinados índices bibliométricos, como el factor de impacto, convertidos en símbolos de excelencia y promovidos por las agencias financiadoras, que se han acostumbrado a catalogar a los investigadores por dónde publican y por el número de publicaciones, y no necesariamente por el contenido de lo que publican.

Las editoriales depredadoras

Una derivada, quizá inesperada, de todo lo anterior fue la aparición de nuevos grupos editoriales y miles de revistas que facilitaban la publicación en abierto de los resultados aportados por los investigadores, con unos filtros de revisión más relajados, pero siempre tras el pago de la correspondiente cuota por publicar en esas revistas, globalmente denominadas como revistas y editoriales depredadoras. Un modelo de negocio imbatible, extraordinariamente lucrativo, con porcentajes de beneficios de dos cifras, superiores a los de cualquier otra empresa de cualquier otro sector.

Descrito así, el paisaje de las publicaciones científicas parece desolador y decepcionante. Los investigadores nos vemos atrapados entre la demanda de las agencias financiadoras de publicar en abierto y la necesidad de abonar cantidades considerables a las revistas para acomodar esa demanda de ciencia abierta.

La estrategia diamante: publicar y leer gratuitamente los avances científicos

¿Existen alternativas a esta situación kafkiana? Afortunadamente, han surgido varias iniciativas para contrarrestar o promover la ciencia abierta de verdad, una que permita publicar resultados revisados por pares de forma gratuita y, a la vez, permita leerlos también gratuitamente. Es la estrategia llamada diamante.

Durante la pandemia de covid-19 se popularizó en las ciencias de la vida y de la salud un sistema de ciencia abierta, iniciado hace años por los físicos, que permite compartir los resultados de una investigación antes de ser evaluados por una revista (o mientras lo están siendo). Son los llamados repositorios de prepublicaciones o pre-prints, como bioRxiv. Los pre-prints permiten acceder a los resultados de un trabajo inmediatamente, sin pago por los autores ni por los lectores. Naturalmente, con la prudencia debida, al tratarse de trabajos todavía no evaluados, pero que sin embargo sí se pueden comentar entre la comunidad científica. Estas publicaciones determinan la fecha de prioridad de hallazgos y descubrimientos.

Otras soluciones pasan por la publicación en revistas financiadas por las propias instituciones (sociedades científicas, instituciones de investigación, agencias que financian las investigaciones…). Aquí de nuevo se trataría de repositorios o revistas institucionales en las que los autores podrían publicar, tras la revisión por pares, sin abonar ninguna tasa y cuyos artículos podrían leerse igualmente sin mediar ningún pago.

Revistas financiadas por instituciones sin tasas

La Comisión Europea lanzó la revista Open Research Europe precisamente con estas premisas, para facilitar la publicación de los resultados de proyectos financiados por la propia Comisión, de los programas Horizon 2020, Horizon Europe o ERC, entre otros.

En España, el CSIC, a través de DIGITAL.CSIC, ha lanzado una revista de psicología experimental cuyos costes de publicación son sufragados por la sociedad científica que promueve esta revista y por el propio repositorio institucional.

Y en la misma línea, un grupo de filósofos, hartos de luchar contra los grandes grupos editoriales, han promovido una revista abierta, Open Library of Humanities, soportada por diversas instituciones, en la que no hay que pagar para publicar ni para leer los artículos.

El éxito de estas y otras iniciativas de ciencia abierta de verdad, con estrategia diamante, dependerá de la credibilidad que les demos desde la comunidad científica y, sobre todo, del crédito que les otorguen las agencias que financian la investigación.

Acuerdo por la reforma de la evaluación de la actividad investigadora

El acuerdo por la reforma de la evaluación de la actividad investigadora, promovido por Science Europe y apoyado por la Comisión Europea, publicado en julio de 2022, pretende superar el sistema actual de evaluación de la ciencia, esencialmente cautivo de las métricas bibliográficas que identifican las revistas, como los factores de impacto.

Para lograrlo propone evaluar el impacto de los resultados de la investigación de forma más amplia, aplicando criterios no solo cuantitativos sino también cualitativos. Y recoge iniciativas anteriores como DORA y el manifiesto de Leiden.

Si prospera, para evaluar un artículo científico ya no bastará con saber en qué revista ha sido publicado: habrá que leerse el artículo para apreciar el impacto de la investigación que describe. Habrá que leerse el artículo. Quédense con esta idea.


Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

 

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Cómo publicar ciencia: todo el mundo paga, menos las editoriales https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/11/19/como-publicar-ciencia-todo-el-mundo-paga-menos-las-editoriales/ Fri, 19 Nov 2021 13:38:37 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=2083 Seguir leyendo]]>

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Shutterstock / SmartPhotoLab

Ismael Mingarro, Universitat de València

Cuántas veces hemos leído una noticia comenzar por: “Según un estudio”. Se utiliza esta fórmula para dar credibilidad, pero ¿son todas las publicaciones científicas veraces?

En un siglo hemos multiplicado por cien el número de publicaciones. Actualmente se publican más de 6 millones de artículos científicos al año y en cada una de las últimas dos décadas hemos duplicado la productividad (Figura 1). Aunque eso podría parecer un síntoma de que la ciencia avanza a un ritmo vertiginoso, también esconde peligros.

Figura 1.
Ismael Mingarro / Dimensions.ai, Author provided

Para analizar estos peligros debemos recordar cómo se generan los artículos científicos y por qué son necesarios. Los científicos observamos los fenómenos de nuestro alrededor y, para explicarlos de forma racional, planteamos hipótesis cuyas comprobaciones nos permiten llegar a determinadas conclusiones.

Si el proceso terminara aquí, nadie conocería los hallazgos obtenidos y el progreso se ralentizaría, puesto que estaríamos reinventando la rueda continuamente. Para evitarlo debemos comunicar nuestros resultados para que lleguen a otros científicos. Isaac Newton lo resumió diciendo que “había podido ver más allá gracias a que se había aupado a hombros de gigantes”. Esto significa que los descubrimientos, por importantes que sean, se basan en conocimientos previos.

La comunicación entre científicos ha sido clave para el desarrollo de la ciencia. Es famosa la correspondencia entre Darwin, en Inglaterra, y Wallace, en Malasia, acerca de la variación y distribución de las especies. Ésta contribuyó significativamente a la comprensión y desarrollo de la teoría de la evolución. En aquellos tiempos cada carta tardaba un par de meses en llegar a su destinatario, por lo que para acelerar este proceso, y sobre todo para ampliar el número de receptores, las Sociedades Científicas crearon las primeras revistas académicas.

¿Cuál es el proceso que sigue una publicación científica?

Los descubrimientos científicos hay que describirlos para que los demás los entiendan, puedan ser reproducidos y, así, se validen. Cuando disponemos del manuscrito, se envía a una revista científica. El equipo editorial decidirá si el trabajo es interesante y se ajusta a la política editorial y área de conocimiento de la revista. Si no cumple alguno de estos requisitos el editor lo devuelve con algunos comentarios y generalmente los autores lo envían a otra revista.

Si el editor decide que el trabajo es interesante y se ajusta al ámbito de la revista, lo reenvía a los revisores, que son otros científicos no vinculados ni con el trabajo ni con sus autores. Estos realizan una revisión concienzuda y emiten un informe detallado con comentarios y recomendaciones al editor. Este sistema permite, en algunos casos, una mejora significativa de los artículos.

Si tras este proceso, que puede incluir varias rondas de experimentos y discusiones entre autores y revisores, el trabajo es aceptado finalmente por el editor, se procede a su publicación.

Un detalle importante es que los costes derivados de la producción, maquetación e impresión de las publicaciones corren a cargo de los autores. Contrariamente a lo que la gente cree, los autores no cobramos por publicar, sino que pagamos por ello.

Entonces, ¿por qué queremos publicar?

Porque además de impulsar el engranaje del conocimiento, en la actualidad el mundo de la ciencia pivota sobre las publicaciones científicas. La obtención de fondos se basa en gran medida en las publicaciones de los investigadores, así como sus promociones profesionales y se convierte en un ciclo en el que, si publicas, obtienes financiación que usas para realizar experimentos que te permitan publicar y obtener más financiación y mejores puestos de trabajo, y así sucesivamente.

El famoso “publica o perece” que se ha convertido en un mantra en el mundo académico.

Revistas científicas: un negocio milmillonario

En los años 90, con la aparición de internet, este sistema basado en las revistas publicadas en papel fue cuestionado. De hecho, se llegó incluso a plantear su supervivencia. Si bien, no ha sido este el caso: las ganancias obtenidas por las editoriales científicas no han hecho más que crecer. En la actualidad esta industria tiene un volumen de negocio de más de 25 000 millones de dólares anuales con un margen de beneficio cercano al 40 % (Figura 2).

Figura 2.
Datos recabados por el autor, Author provided

¿Cómo pueden tener un margen tan elevado? Por un lado, los autores pagamos por proporcionar los manuscritos, la materia prima del negocio. Si hacemos un símil con un supermercado, sería como si el agricultor que le ofrece las naranjas no solo no cobrara por ellas, sino que pagara. Los revisores tampoco cobran por su trabajo, sería el equivalente a que el transportista que lleva esas naranjas desde los huertos hasta el supermercado no cobrara por ello e incluso corriera con los gastos de combustible.

De hecho, un estudio reciente ha estimado que las horas que dedican los revisores a hacer este trabajo gratuito en 2020 representaron 1 500 millones de dólares solo en Estados Unidos.

Por si esto fuera poco, las editoriales cobran a las universidades y centros de investigación para que sus investigadores tengan acceso a las publicaciones en un formato de suscripciones cuyos precios no son públicos. Como si en nuestro ejemplo no supiéramos lo que paga otro cliente del mismo supermercado por un kilogramo de naranjas.

Todo ello con el agravante que este sistema puede tener en los países más desfavorecidos en los que sus instituciones no pueden afrontar facturas en muchos casos millonarias.

Ciencia abierta

En las últimas décadas ha aparecido el movimiento de acceso abierto (open access). Aunque esto es una buena idea puesto que los lectores no pagan por acceder a las publicaciones, no parece ser la solución definitiva (Figura 3), dado que las editoriales cobran a los autores o a sus fuentes de financiación para proporcionar este acceso libre.

Figura 3.
EU comission, Author provided

Este movimiento, junto con la digitalización, ha abonado el terreno a la aparición de nuevas editoriales científicas que han visto un jugoso nicho de mercado y que compiten con las editoriales clásicas. Esto ha dado lugar a la aparición de revistas y editoriales depredadoras. Si los científicos necesitan publicar para conseguir financiación y promoción profesional, este tipo de fórmulas permiten, previo pago, publicar artículos poco rigurosos o incluso fraudulentos.

El “publica o perece” se ha convertido en un “paga y publica basura”.

En principio, este tipo de publicaciones no deberían representar un peligro porque tienen poca repercusión. De hecho, casi el 60 % nunca se citan. Sí esconden un enorme peligro derivado de la disminución drástica del rigor científico y abonan el terreno a la pseudociencia, la aparición de bulos, falsas noticias, pseudoterapias y demás problemas relacionados que, en situaciones como la pandemia, hemos visto que pueden ser extremadamente peligrosas.

Editor invitado

Una última tendencia que ha surgido en el mundo de las publicaciones científicas son los números “especiales”. Las editoriales han descubierto la estrategia de invitar a científicos de prestigio a ser editores de números especiales de sus revistas. Estos se encargan de reclutar, generalmente entre sus colegas, un número suficiente de artículos que completen estas ediciones, por supuesto pagando por dicha publicación.

Esta práctica ha crecido exponencialmente en los últimos años y, a menudo, los científicos aceptamos estas invitaciones por respeto al editor invitado.

De alguna forma debemos entre todos intentar revertir estas tendencias, bien mediante repositorios de trabajos prepublicados (pre-prints) como arXiv, bioRxiv, medRxiv y similares, o bien buscando nuevas fórmulas de publicación, probablemente más basadas en las sociedades científicas como un bonito guiño a los inicios.

Sobre todo debemos estar alerta y no engordar a la bestia. Si no le ponemos remedio, nos puede llevar del “publica o perece” al “publica y perece”.The Conversation


Ismael Mingarro, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, Universitat de València

 

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Revistas depredadoras: el negocio fraudulento del siglo https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/09/09/revistas-depredadoras-el-negocio-fraudulento-del-siglo/ Thu, 09 Sep 2021 09:50:31 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=1961 Seguir leyendo]]>

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Cinta Gallent Torres, Universitat de les Illes Balears

El exigente proceso de promoción al que se someten los docentes universitarios españoles que desean acreditarse ante la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) ha sido aprovechado por algunas editoriales internacionales como una oportunidad de negocio para ganar dinero. Su modus operandi es cuestionable, ya que las prácticas empleadas para captar clientes atentan contra los valores de la responsabilidad académica y la integridad científica.

Estas editoriales se sirven de su cebo estrella: las llamadas “revistas depredadoras” (del inglés, predatory journals). Se trata de publicaciones de acceso abierto que, bajo un simulado prestigio internacional, adulan a sus presas invitándolas a publicar a cambio de repercutirles los costes de edición y maquetación de sus manuscritos.

Estas empresas utilizan unas estrategias de marketing cada vez más sofisticadas, lo que dificulta su identificación. Entre ellas destacan los reclamos basados en los altos índices de indexación, los rigurosos procesos de publicación a los que someten sus artículos (revisiones de pares o pares ciegos poco transparentes) o las estrictas normas de conducta ética de las que alardean si identifican intenciones reprobables en el envío de los escritos. Asimismo, prometen plazos de publicación muy cortos (días o pocas semanas), lo cual es un aliciente añadido para algunos investigadores noveles.

La cara oculta de estas revistas es que no existe tal índice de impacto porque no se encuentran registradas en bases de datos reconocidas (algunas carecen incluso de ISSN). Tampoco cuentan con consejos editoriales legítimos, o estos los conforman falsos académicos sin afiliación institucional. No solo cobran por la publicación de los manuscritos sino que, además, exigen la cesión de los derechos de autor sobre estos y, finalmente, dejan a los investigadores sin la posibilidad de publicar sus hallazgos en revistas serias con un impacto real.

¿Cómo identificar estas revistas?

Aunque a priori pueda resultar sencillo identificar una revista depredadora, no siempre lo es. Su modelo de negocio, totalmente fraudulento, se ha profesionalizado en los últimos años. De hecho, desde que Jeffrey Beall, bibliotecario y académico de la Universidad de Colorado Denver, identificó 20 potenciales revistas depredadoras en el año 2010, estas no han cesado de aumentar.

Actualmente se estima que existen más de 10 000 revistas activas de esta tipología, algunas de las cuales se encuentran recopiladas en listados como el de Beall’s List of Predatory Journals and Publishers (lista cerrada en 2016 por el propio Beall y reabierta de forma anónima en 2017) o la de Cabell’s International.

Algunas claves para desenmascarlas son:

  • Analizar la invitación de publicación recibida, ya que suele llegar a modo de spam y con un dominio de correo electrónico de Gmail, Hotmail, Yahoo, etc. No obstante, las editoriales empiezan a contactar a sus potenciales clientes a través de LinkedIn a fin de que su propuesta parezca más seria y profesional.
  • Leer entre líneas: a menudo los correos recibidos inician con una felicitación por publicaciones anteriores e insisten en que sería interesante publicar la traducción del mismo artículo o una versión ligeramente modificada.
  • Prestar atención a los datos básicos que figuran en cualquier publicación y que las revistas depredadoras suelen camuflar o falsificar: ubicación de su sede, institución asociada, miembros del comité editorial, proceso y plazo de publicación, ISSN, factores de impacto, métricas, ratios de rechazo, sistemas de control de plagio, etc.
  • Conocer si el autor debe asumir algún coste de publicación y cuál es la política de cesión de derechos que manejan.
  • Contrastar la información que ofrecen en sus páginas web: desde el propio nombre de la revista (el cual suele ser sospechosamente similar al de otras revistas conocidas), los datos de contacto, la antigüedad (la mayoría son de reciente creación), las políticas o normas por las que se rigen, etc.
  • Analizar el aspecto formal de la revista: en su mayoría, el redactado de la información que aparece en internet (o en el propio correo recibido) contiene errores gramaticales y ortográficos, incoherencias o falsos sentidos. La disposición de las secciones es incómoda en su navegación, los colores que utilizan resultan un tanto chillones y las imágenes o logotipos de instituciones de prestigio aparecen borrosas o distorsionadas, lo que delata la apariencia poco profesional de estas revistas. Estos aspectos deberían hacernos desconfiar de ellas.

Estas son solo algunas recomendaciones básicas que deberíamos tener en consideración cuando recibamos correos capciosos invitándonos a publicar de manera fácil y rápida.

Afortunadamente, existen algunos recursos y herramientas que pueden ayudarnos a identificar si estamos ante una de estas revistas. Por ejemplo, el sitio web Think, Check, Submit. También algunas listas de verificación como la propuesta por Blobaum (Blobaum’s Checklist for Review of Journal Quality for Submission of Scholarly Manuscript) o numerosos documentos elaborados por organismos que fomentan la integridad en la investigación como la World Association of Medical Editors (WAME), el Committee on Publication Ethics (COPE) o el Council of Science Editors (CSE).

Consecuencias para el investigador

Sin duda, el interés (o desesperación) de algunos investigadores por ver sus trabajos publicados con cierta inmediatez y en cualquier medio acarrea consecuencias negativas para su futura carrera profesional.

Entre las más relevantes destacan el descrédito de su imagen y el daño que puede causarle en futuras convocatorias de promoción interna o procesos de acreditación. Sin mencionar, por supuesto, el desperdicio en tiempo, dinero y esfuerzo invertido en la redacción del manuscrito enviado.

Asimismo, a la obra publicada le acechan otros peligros ya que, al no estar protegida, el acceso de consulta podría perderse si la revista deja de existir, lo que sucede con frecuencia cuando la falsa editorial recauda suculentos beneficios en un corto periodo de tiempo. Por lo tanto, si la obra no está accesible, no existe y no puede citarse ni referenciarse, lo que ineludiblemente provoca un perjuicio profesional al autor que suele traducirse en un sentimiento de impotencia ante el engaño, así como una gran desmotivación por seguir publicando.

De ahí la importancia de evaluar eficazmente dónde elegimos publicar los resultados de nuestras investigaciones con el fin de no perder el control sobre nuestra propia producción.

Paralelamente, las instituciones académicas deberían poner en marcha iniciativas de formación, sensibilización y concienciación sobre un fenómeno que afecta a la comunidad académica en su globalidad (docentes, doctorandos, investigadores, etc.) dado que, si se prolongase en el tiempo, acabará minando la credibilidad de la información publicada en abierto.

Urge, pues, reclamar medidas contundentes para frenar la proliferación de estos negocios ilícitos que atentan contra la propiedad intelectual de terceros y traspasan los límites de la ética y la moralidad.The Conversation


Cinta Gallent Torres, Profesora asociada en el Departamento de Filología Francesa e Italiana de la Universidad de Valencia (UV) y estudiante de doctorado en Educación, Universitat de les Illes Balears

 

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Guía para detectar revistas depredadoras, secuestradoras y megadepredadoras https://bvsalud.isciii.es/blog/2021/04/27/guia-para-detectar-revistas-depredadoras-secuestradoras-y-megadepredadoras/ Tue, 27 Apr 2021 12:52:46 +0000 https://bvsalud.isciii.es/?p=1552 Seguir leyendo]]>

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Shutterstock / Iulia Ghimisli

Rafael Repiso, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja y Julio Montero-Díaz, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

En el año 2008, un bibliotecario de la Universidad de Colorado en Denver (EE. UU.), Jeffrey Beall, bautizaba un fenómeno emergente como “revistas depredadoras”. Estas publicaciones fraudulentas, antítesis de la calidad científica, se han multiplicado en los últimos años como consecuencia negativa de la digitalización y, más específicamente, de los modelos de acceso abierto en los que los autores de los artículos asumen los costes de edición. Este sistema se conoce como “vía dorada”, no solo para las revistas que imponen esta práctica, sino también para algunos de los autores.

El principal defecto de las revistas depredadoras es que apenas realizan procesos de revisión de los manuscritos que reciben, lo que acelera el proceso. De modo eufemístico, ellas mismas presumen de su rapidez en la publicación. Por supuesto, aceptan la mayor parte de los documentos que reciben para alcanzar su principal objetivo: cobrar a los autores.

Los autores han de mostrar satisfacción y, por lo tanto, no sufren rechazos ni modificaciones (en realidad, mejoras) de los originales. Estos deben obtener resultados en un corto plazo para saciar las exigencias de las autoridades académicas. Por ejemplo, para obtener acreditaciones, sexenios o justificar la financiación de proyectos.

El resultado es que los trabajos que publican estas revistas carecen de la validación de la comunidad científica y sus resultados son poco fiables. En áreas como la de biomedicina pueden tener incluso repercusiones fatales.

Estas revistas son difícilmente detectables a simple vista porque utilizan la estrategia del camuflaje. Tienen títulos muy similares a los de las revistas referentes y todas presentan un numeroso equipo de científicos, aunque su contribución sea decorativa o incluso ignoren que forman parte de tales comités.

Igualmente, se anuncian como indexadas en un gran número de bases de datos científicas, aunque en su mayoría sea falso o se trate de bases de datos que no realizan procesos selectivos. Incluso se han creado productos de evaluación para las revistas depredadoras donde, por supuesto, todas obtienen excelentes calificaciones. Sencillamente estamos ante un fraude.

En el año 2013, John Bohannon realizó un experimento significativo: envió un artículo falso (cargado de lugares comunes, con bibliografía falsa y un tema absurdo) a decenas de revistas en acceso abierto en la que los autores deben hacerse cargo de los costes de edición del artículo. El artículo lo aceptó una amplia mayoría de estas revistas sin apenas revisión.

Esto validó las sospechas de quienes pensaban que estas revisas no eran rigurosas con sus procesos de evaluación. Este experimento hizo que el directorio internacional de revistas en acceso abierto (DOAJ), que tenía indexadas a muchas de estas revistas fraudulentas, redefiniera sus políticas de inclusión. Miles de ellas resultaron expulsadas.

¿Cómo detectar revistas fraudulentas?

El problema práctico se presenta a los investigadores que desean publicar los resultados de sus trabajos y envían sus originales a una de estas revistas, que es como tirarlos a un pozo sin fondo. ¿Cómo evitar ser un incauto?

Los datos que hacen sospechar que una revista es fraudulenta son los siguientes:

  1. Su juventud. Han surgido con el abaratamiento de costes que suponen las revistas 100 % digitales, por lo que no tienen las décadas o incluso siglos de historia de otras como The Lancet o Nature.
  2. Sus títulos suelen ser genéricos. Son una imitación de las revistas de mayor prestigio del área.
  3. En muchos casos se editan en países de la periferia científica, como Egipto y Nigeria.
  4. Suplen sus carencias, como la indexación de bases de datos o la falta de indicadores de impacto, mediante el cálculo de indicadores propios.
  5. Tienen una política agresiva para captar al investigador incauto (cliente ideal) mediante el envío personalizado de correos.

El principal aspecto que debe alertar al autor es que la revista contacte con él, asegure unos tiempos de publicación sospechosamente rápidos y cobre a sus autores por publicar: a mayor número de trabajos mayores ingresos.

Esto no significa que todas las revistas que cargan los costes de publicación a los autores sean fraudulentas. Hay algunas, como Plos One, que tienen reconocidos unos procesos de validación muy rigurosos, pero son una muy reducida minoría. Se tiene constancia de la existencia de más de 17 000 revistas depredadoras, que se han convertido en una epidemia.

Una nueva moda: las revistas secuestradoras

Una modalidad muy agresiva de revistas depredadoras son las “revistas secuestradoras”. Estas se hacen pasar por revistas consolidadas, crean sus propias webs y se ponen en contacto con los autores, solicitan manuscritos y dinero. Si el autor despistado se da cuenta a mitad del proceso de que está siendo timado y decide parar el proceso de publicación suele recibir amenazas de denuncia.

Un reciente ejemplo real: la revista secuestradora pedía a un autor casi 8 000 dólares por no publicar su trabajo (cuando el autor se dio cuenta del timo y quiso retirarlo del proceso de evaluación). Amenazaba con demandas internacionales en caso de no pagar.

La realidad es que las revistas depredadoras de primera generación, aquellas que no estaban en productos científicos, apenas tenían y tienen repercusión en el estado de la ciencia. Como mucho hacen pasar vergüenza a los autores y sus instituciones y conllevan una pérdida económica de fondos.

La segunda generación: fraude dentro de la indexación

Trece años después de la aparición del fenómeno, el fraude ha seguido caminos más sofisticados. Existen revistas depredadoras indexadas en bases de datos científicas como Web of Science o Scopus. El peligro es que esto provoca que empiecen a ser utilizadas en muchos países, como España, para valorar las carreras académicas de los investigadores.

Las revistas depredadoras han evolucionado. Se han sofisticado, en parte gracias a los beneficios obtenidos. Han pasado de publicar unos pocos trabajos a miles. Se han convertido en mega-journals, es decir, en “megadepredadoras”.

Otra modalidad sofisticada es que las propias empresas editoras promuevan revistas que ponen en manos de académicos honrados y prestigiosos. Estos logran ponerlas en valor, obtienen su indexación y, entonces, comienza su calvario. Se les comienza a exigir que incrementen números y artículos a tal ritmo que los procesos de selección no pueden llevarse a cabo con rigor. Si hay resistencia se suele acabar en despido o dimisión de los miembros del equipo editorial. Pero, para entonces, el barco ya está botado con todas las normas de calidad vivas.

Normalmente estas megadepredadoras están especializadas en un ámbito concreto, pero también publican sobre cualquier temática y con procesos de revisión rápidos y superficiales. Sus precios se multiplican al entrar en las bases de datos referentes y se elevan conforme mejora la posición de las revistas en los rankings, en una lógica poco científica. Su estrategia de atracción sigue siendo la clásica de las depredadoras de primera generación: invitar a los autores a publicar artículos.

La sofisticación ha incorporado una nueva modalidad: se juega con la vanidad y se ofrece a cualquier autor (con prestigio y sin prestigio) la dirección de números monográficos. Son estos líderes quienes realizan la tarea de marketing más tediosa: la de buscar autores que piquen para pagar por publicar unas aportaciones a las que se ofrece, ya de inicio, bastante seguridad sobre su publicación (antes de escribirlas). Los improvisados editores de monográficos, comerciales voluntarios de la revista reciben como beneficios la publicación gratuita de artículos o, al menos, grandes descuentos. Además estas editoriales también blanquean sus nombres obteniendo convenios con universidades por los que estos centros obtienen descuentos económicos y las editoriales ven respaldado su negocio. El investigador deja de sospechar cuando ve que su propia universidad tiene un convenio con editoriales sospechosas.

Por qué es mala idea publicar en una revista depredadora

El investigador debe obrar muy cautelosamente a la hora de elegir revista, publicar en una revista fraudulenta es un desprestigio que pone de manifiesto que:

  • El investigador desconoce el ámbito donde se mueve.
  • El esfuerzo no va con él, pues opta por una vía rápida para conseguir la publicación.
  • Es un mal gestor de fondos públicos, pues se suele pagar el coste de los artículos con dinero asignado a proyectos. En otras palabras, realiza una malversación que podría ser perseguida.
  • En algunos casos, el investigador que manda sus manuscritos no es propiamente un estafado, sino un cómplice de la estafa. Los estafados son las agencias de evaluación, las instituciones que asumen los costes de publicación y los colegas que, evitando estas prácticas, compiten en procesos selectivos contra estos currículos hinchados de forma artificial y fraudulenta.The Conversation

 


Rafael Repiso, Profesor Titular de Metodologías de la Investigación y Documentación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja y Julio Montero-Díaz, Vicerrector de Investigación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

 

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